19/6/07

La mano, el mundo y yo.

Se desgastó. Poco a poco la cuerda del mundo se gastó. Poco a poco se detuvo. Se detuvo en un lugar que no conocía. Miró desolada la mano que le dió cuerda alguna vez. La mano ni lo notó. La llamo tácitamente con la mirada. La mano seguía en la suya. Repitió su silencioso grito de ayuda, pero la mano no la escuchaba.
Aquella mano que alguna vez la habia hecho andar, estaba con otro mundo, con otra cosa, con otra cuerda.
El mundo lloró unos instantes en silencio, con lagrimas secas. Inundó mares y secó desiertos. Pero luego entendió. No nesecitaba una mano para darse cuerda, con ella bastaba. Es mas, nunca la mano le había dado cuerda, simplemente la habia acompañado con una sonrisa entre sus dedos. Mirandola sin ojos. Besandola sin labios. Estando sin estar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué tal eh! parece que a muchos nos pasa eso... creemos que necesitamos la mano que da cuerda sólo porque estuvo junto a nosotros en grandes momentos...Al final nos damos cuenta que no era la mano sino nuestra voluntad de ser...

Abrazos, muchos...