24/8/07

Cenizas de rosa.

Cuando el último pétalo de rosa cayó al suelo, se quemó. No hubo tiempo para que las hormigas devorasen ese dulce néctar. No hubo tiempo para que un poeta dedique sonetos a la desgraciada rosa. Simplemente cayó y se quemó al instante.
Su aroma dulzón recorrió la habitación y tiñó de blanca ceniza el piso. Su pasión se convirtió en recuerdo, su aroma en brisa y sus espinas en pequeños puñales de tiempo. Puñales que quedaron encarnados en la angustia y que sólo salen con cada sonrisa.
La rosa no era mas rosa, era ceniza. El tallo no era más tallo, era ceniza. Las espinas no eran más espinas, era angustia.