Como para no perder la costumbre, vi luz y entré. No me incumbía en lo más mínimo, pero entré igual. Total, ¿qué me iban a decir? Por algo estaba la luz prendida.
Al entrar, ví que no era el unico que había tenido ese razonamiento: el lugar estaba atestado de gente sin aparente razón lógica para estar ahí. Entré despacio, recorrí con la mirada el recinto. Divisé un modesto sillón rojo vacío, y fuí hacia él. Me senté, nadie parecía notar mi presencia.
-¡Mejor!-Pensé.- Ya demasiadas presiones e impresiones tengo afuera de este lugar.
Extendí mis piernas, me relajé por completo. Mis músculos se desprendieron de toda tensión existente. Se sentía tan bien. Me sentía tan realizado. Me sentía desprenderme de mi mismo. Una extraña sensación, debo admitir. Me alejaba más y más de mi cuerpo mientras veía como éste se quedaba sentado, tan relajado, tan feliz, tan ausente, tan solo entre los demás.
Y mientrás, afuera, lloraban mi muerte.
20/2/08
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