20/3/07
La volatilidad del alma
Solo. Estaba solo. Una mano lo acarició. No estaba tan solo quizas. Las sombras no lo dejaban ver. O quizas, era una luz brillante que lo enceguecía. ¿Sería esa luz que alumbra el camino?. Por las dudas no preguntó. Poco a poco, la oscuridad se iba disipando. Luego de unos instantes, una voluta de humo ascendio frente a su nariz. ¿Estaba fumando?. No lo creía. El olor no era de tabaco, era, mas bien, olor a alma. A alma quemandose, mejor dicho. Su propia alma quemandose, sería más apropiado. Finalmente, la oscuridad cedió y dió paso a un enceguecedor sonido y a una ensordecedora luz. "No necesitas alma. Si total, nunca te sirvió" Dijo una voz lejana, dulce pero de ultratumba. Luego entendió, sus sueños hechos añicos, sus verdades destrozadas, su corazon roto, y para peor, su mente devaluada.
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2 comentarios:
Has vuelto, eso me gusta.
Aún con almas devaluadas, con humos insensatos, todo tiene su forma, sus estímulos y sus señuelos.
Un abrazo
Ya lo dijo Julio Florencio: "Mi alma, ese yo-no-uñas".
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