18/2/07

I just call to say I'm dying

Eran las 3 de la mañana cuando el telefono sonó. Lo contesté con una mezcla de odio y somnolencia. Las unicas palabras que recuerdo haber escuchado son solo dos: "Estoy muriendo". Esas dos simples palabras que pudieron no significar nada me obligaron a cortar la comuniciacion con un temor en las venas que nunca habia conocido. Fui a acostarme nuevamente con la inquietud de si era solo una broma o debia avisarle a alguien.

No podia dormir, estaba muy nervioso. Cada silencio era una tempestad a punto de liberarse.

Mi mente estaba inusualmente activa, recordandome imagenes que preferiria olvidar. Mi corazon bombeaba sangre con una enorme presion. Pero mi cuerpo estaba quieto, no movia un musculo. En realidad, no podia moverlos, estaba completamente paralizado.

Me tomo al rededor de diez minutos recuperarme de tal shock. cuando estaba lo necesariamente calmo como para pensar razonablemente y para caminar sin que me flaqueen las piernas, hice lo que el humano hizo desde el primer momento: pensar. Lo unico que debia saber era quien me habia llamado, asi que con mis fuerzas por debajo de lo habitual llame a la compania de telefono.

-Hola, quisiera saber quien me ha llamado unos minutos atras, por favor"-. Dije lo mas calmo que la situacion me permitio
-Solo un segundo.- Respondio una voz cansada al otro extremo de la linea. Luego de un tecleo rapido y un leve dubitar, prosiguio.- Esto es muy raro, la computadora me muestra que la llamada fue hecha del mismo numero de su linea.

El frio sudor cubrio mi cara y me obligo a cortar la comunicacion. Finalmente entendi que era lo que pasaba. Esa noche no habia soñado lo acontecido, era la realidad. No era el telefono el que habia pedido ser contestado, era mi mente. No era un extraño el que habia llamado, era yo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"La crónica de un suicidio metafísico anunciado" o "Porqué no kedarme solo después de una tacha".
Me gusta tu relato, tu humor negro y el desdoblamiento de realidades. Abrazos.

Ivana dijo...

Che, bien cierto es aquello de que el enemigo es uno mismo, ¿no? La dualidad, el problema interno. Estamos llenos de enemigos íntimos.

Anónimo dijo...

Muy bueno; el recurso del llamado teléfonico sobrenatural nunca falla. Me gustó.

Saludos.

osbel dijo...

qué miedo...
hermoso